jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Hay vida, después de la crisis? Los retos de Manzanares y su comarca. (1ª Parte)

Miguel Ramírez Muñoz


Han pasado cinco años desde que oficialmente estamos en crisis, una crisis que hunde sus raíces en el carácter mismo del sistema capitalista, crisis de sobreproducción le llamaban los clásicos, crisis coyuntural según las versiones oficiales, crisis sistémica porque la historia del capitalismo es la huida hacia delante de crisis en crisis.


En apenas 15 años hemos vividos dos crisis financieras internacionales, la burbuja de las Tecno.com (¿alguien se acuerda de TERRA?), y un pinchazo inmobiliario, por no hablar de las hipotecas basura, preferentes, etc…

Hemos llegado hasta aquí por esa mutación genética de la economía real, ya que hemos confundido crear riqueza con generar beneficios. Hemos sufrido una huida de capitales y de inversión de la economía real, aquella que genera bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas, para derivarla hacía la economía especulativa, la que genera grandes beneficios inmediatos, pero con productos tóxicos, jugando a la baja contra países, o especulando contra la deuda soberana.

La diferencia entre crear riqueza y generar beneficios es fundamental para entender a donde hemos llegado. Cuando una fábrica emplea a obreros para transformar madera en muebles, genera trabajo, salarios con los que los trabajadores viven y demandan otros bienes y servicios, que a su vez necesitan nuevos empleos para cubrir esas necesidades, la rueda de la economía se mueve, se genera riqueza para empresas, trabajadores y sociedad en general.

Pero cuando Pepito le compra a Juanito un solar por un millón, y éste sin hacerle nada al solar se lo vende a Antonio por un millón trescientos, y éste a Javier por dos millones, en teoría todos han obtenido beneficios, pero el solar sigue criando pajitos y NO SE HA GENERADO NINGUNA RIQUEZA REAL PARA LA SOCIEDAD.

Esta descapitalización de la economía real, a favor de la especulativa, se viene gestando desde hace años, y el primer síntoma lo tuvimos con las deslocalizaciones de empresas, que plasmó magníficamente Fernando León de Aranoa en su película “los lunes al sol”, y cuyo esperpento tenemos en el hijo de Jordi Pujol, que cobraba millonarias comisiones por tramitar y favorecer la deslocalización de empresas en Cataluña, o más reciente con los EREs de Andalucía.

Nuestro país ha transformado su modelo productivo, en uno de servicios, extensivo en empleo temporal, pero de poco valor añadido, poco capital tecnológico y humano. Para ganar competitividad de cara al exterior, se hacían devaluaciones de la peseta, pero cuando entramos en el euro perdimos nuestra soberanía monetaria.

¿Y cómo hacemos que un país con bajos salarios, baja capacidad tecnológica y con una economía basada en los servicios salga hacia delante? Con el endeudamiento de empresas y familias a créditos baratos, y ahí empezó la burbuja que nos estalló en la cara.

Con familias y empresas endeudas mas allá de lo razonable, gracias a la avaricia de la Banca, desde los Gobiernos de Zapatero y Rajoy se optó por la peor opción; transformar la deuda de la Banca en deuda pública del Estado, obligando a recortes en salarios e inversiones públicas y en empleo que han terminado por estrangular nuestra economía, e instalarnos en el circulo vicioso de la recesión, mas déficit, más recortes, menos actividad económica, menos ingresos a la Hacienda, mas déficit, más recortes, mas…